Conversación con Joan Torrent

Conversación con Joan Torrent

octubre 10, 2025 Desactivado Por inQualitas

Conversaciones sobre calidad política
y sostenibilidad de la democracia


Joan Torrent

Economista
Catedrático en la facultad de Economía y Empresa de la UOC
Joan Torrent Sellens es doctor en Economía y Sociedad de la Información y el Conocimiento, investigador principal del grupo i2TIC-IA Lab y director del Centro de Investigación en Transformación Digital y Gobernanza (UOC-DIGIT) de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Experto en transformación digital y sus efectos empresariales, laborales, económicos, de bienestar social, de salud y de sostenibilidad, ha publicado 134 artículos académicos y de divulgación científica, 49 libros y 28 capítulos en libros de su especialidad. Entre sus obras recientes destaca la colección de ensayos, publicados en 2024, Capital, trabajo y valor en la sociedad digital de mercado.

Francesc Ribera Raichs

Escritor y editor especializado en información empresarial

Francesc Ribera Raichs es escritor y editor especializado en información empresarial y en la publicación de obras dedicadas al fomento de la calidad, la excelencia y la innovación. Acaba de publicar en 2025 el libro El control de calidad del poder político. Cómo el gobierno mediocre destruye la democracia; continuación de la obra, de 2019, ¿Es posible garantizar la calidad en los profesionales de la política? en la que desarrollaba la serie de ocho artículos “Calidad y Partidos Políticos” publicados, entre enero y septiembre de 2015, en esta revista digital.

La polarización digital y la disrupción de su transformación social puede hacer pensar, erróneamente, que las autocracias y los hombres fuertes, son la solución.

FR: La economía digital supone una discontinuidad histórica sin precedentes en la evolución del capitalismo. Las economías en hiperescala de los actuales imperios del algoritmo están desbordando el marco de juego. Por ejemplo, si comparamos la capitalización bursátil de las actuales Google o Facebook con la clásica General Motors: nada más salir a bolsa, en 2016, Google alcanzó 532.000 millones de dólares y Facebook 332.000 millones; con menos de 70.000 personas en plantilla la primera y menos de18.000 la segunda. General Motors tardó cuarenta años para llegar a los 225.150 millones, en 1965, ¡y entonces tenía en nómina a 735.000 trabajadores! Como experto en economía digital o en digitalización de la economía, ¿cuál es su opinión al respecto?

JTS: La situación actual es algo “cuántica”, en el sentido que es comparable en algunos sentidos y no comparable en otros. La lógica de los negocios digitales no tiene nada que ver con la lógica de la economía industrial. En la economía digital funcionan los efectos de red y plataforma, lo que significa que el valor de las propuestas de negocio depende del número de nodos y agentes, y de su multiplicidad de roles. Es decir, del número de personas y de intercambios que se conectan y que utilizan como usuarios estas redes y plataformas. Esto determina que las empresas ganadoras en los mercados alcanzan de manera muy rápida unas economías de escala, alcance y ámbito nunca vistos en la historia. Esta nueva forma de construir el éxito empresarial en la era digital determina tendencias específicas en los mercados (que solemos denominar como first winner takes all, el ganador se lo queda todo). Y este ganador acumula un poder de mercado de tal magnitud que se refleja no sólo en sus cotizaciones bursátiles sino en un creciente (y preocupante) vínculo entre el poder de mercado y sus conexiones económicas y sociales. Sin embargo, también es cierto y esta situación ya la conocíamos (lo llamábamos monopolio o competencia monopolística) y se caracterizaba por grandes corporaciones con problemas de productividad. La novedad de la era digital es que las big tech son altamente eficientes, de manera que no puedes articular estrategias y políticas de competencia con el argumento de la recuperación de la eficiencia y la competencia en los mercados. Nuevos tiempos, nuevos retos…

 

FR: Creo que acabamos de describir a grandes rasgos el témpano de hielo contra el que está chocando el Titanic de las achacosas democracias liberales. ¿O acaso sólo estamos oteando la punta del iceberg que tenemos a poca distancia de la proa? ¿Puede proporcionarnos más datos para evaluar correctamente la amenaza a la que nos estamos enfrentando?

JTS: La amenaza es altamente preocupante y con conexiones quizás poco conocidas fuera del ámbito académico. Mi colega Jan Eeckhout, profesor e investigador ICREA en la Universitat Pompeu Fabra ha tratado muchas de ellas en su excelente libro La paradoja del beneficio. El principal reto al que nos enfrentamos es la ruptura de la dinámica habitual del ciclo económico. Es decir, que las grandes corporaciones, que están liderando la mayoría de sectores de actividad, están alcanzando un poder económico, que suelen combinar con prácticas de colusión de mercados, dinámicas de creación destructiva (utilización de prácticas de innovación defensiva; la inversa de la destrucción creativa de Schumpeter) o crecientes prácticas de auto-protección, lobbismo o elusión fiscal. El resultado de todo ello, es que, como resultado de muchas de estas prácticas, el emprendimiento y la innovación se están debilitando, y las micro pymes de hoy tienen crecientes dificultades para ser las grandes empresas del mañana. Si rompemos el dinamismo económico, la destrucción creativa dejará de funcionar y la creación de riqueza y, muy especialmente, su distribución tendrá muchos problemas. El capitalismo necesita de la destrucción creativa para ejercer efectos sociales positivos. Sin ella, los problemas se multiplicarán por doquier.

 

FR: Poco o nada habría que objetar si la operación se estuviera ejecutando a la luz del día con luz y taquígrafos, pero no parece ser así. En la alegalidad norteamericana y en el territorio en el que se ejerce el poder absoluto del partido único chino parece que se está fraguando una distopía sin precedentes en la historia. Dejemos para el final si le parece una posible respuesta europea. De momento, creo que interesa concienciar a la ciudadanía del problema que tenemos con la economía o la sociedad digital, ¿o habría que hablar mejor de “economía del conocimiento”?

JTS: Cuando yo empecé a investigar la digitalización, allá por la segunda mitad de la década de los noventa, pensábamos que la primera oleada de la era digital (era la época de las TIC, internet y el comercio electrónico) crearía sinergias económicas muy favorables (recordemos el advenimiento de la nueva economía: avances de productividad y crecimiento económico, sin tensiones inflacionistas y con creación de empleo y riqueza sin parangón desde No, desde las tres gloriosas décadas que van des de 1945 hasta la primera crisis del petróleo de 1973, del capitalismo keynesiano con las tasas de crecimiento y de distribución social de la riqueza más grande de la historia de Occidente. Además, y socialmente, la irrupción de internet nos acercaba a una aldea global, con una posibilidad de enriquecimiento y florecimiento social para un mundo liberal, democrático e intensivo en el uso de la tecnología. Hablábamos de la economía del conocimiento, y pensábamos en la posibilidad verosímil de subir el peldaño definitivo y alcanzar la economía de la sabiduría. La utilización de las tecnologías digitales para construir una economía global y digital con propósito social para alcanzar un bienestar social más compartido. No hace falta ser un lince para ver que hemos pasado de la economía del conocimiento a la economía de los datos, y que hemos descendido tres escalones en la pirámide o la jerarquía del conocimiento (datos, información, conocimiento y sabiduría). Llevamos casi tres décadas investigando los motivos por los que la digitalización de la economía no está generando beneficios sociales compartidos. Hay una multiplicidad de factores que lo explican, pero yo suelo insistir en las caras ocultas de la productividad. Es decir, que los momentos, narrativas e ideologías imperantes cuando nacen y se desarrollan las oleadas tecnológicas, son de vital importancia para entender sus dinámicas, éxitos y fracasos. La digitalización nació y creció en plena oleada neoliberal, y esto tiene una gran importancia para comprender su evolución. He estudiado y publicado todos estos argumentos en mi libro, Capital, trabajo y valor en la sociedad digital de mercado. Ensayos para una economía más sabia y sostenible en el siglo XXI.

 

FR: En el mar tenebroso en el que se está hundiendo el sistema de gobierno que llamamos democracia hay otra cuestión trascendental a destacar, la de la propiedad y gestión o utilización del “código oscuro” que mueve el gigantesco poder de control del algoritmo. Hay un abismo entre el software abierto que han conseguido implantar los elementos más activos de las clases medias ilustradas en una amplia variedad de plataformas (por ejemplo, Apache para los servidores web, Linux para los sistemas operativos, MySQL para las bases de datos, Firefox para los navegadores, la propia Word Wide Web o la misma Wikipedia) frente a la palanca de control que mueve los millones de ordenadores enrutados que sólo pueden accionar los colaboradores más próximos de los grandes tecno-oligarcas digitales. ¿En Europa y en EE. UU. el poder político democrático puede contrarrestar un poder tan formidable?

JTS: Esta es una gran cuestión. De hecho, las grandes corporaciones big tech han aprendido a generar escaseces artificiales (enclosures) por doquier en el mundo de la abundancia digital. Con la utilización de la IA, la intermediación en plataformas digitales y la generación y utilización comercial de datos para una nueva economía digital de la predicción, generación y transformación de los intercambios. La organización y regulación de la economía no está demasiado bien dotada para coordinar la segunda oleada digital, y sus poderes asociados. Es verdad que en la Unión Europea nos tomamos muy en serio todo el conjunto de sesgos, problemas y desequilibrios generados por los excesos digitales. De todos modos, una primera conclusión, que ya hemos aprendido en la era global, es que es muy difícil organizar la economía global con tres áreas económicas distintas y tres narrativas y objetivos de política económica distintas. Sin coordinación global e inmediata no hay política económica efectiva en la era digital, que es globalización 24 horas, 7 días a la semana.

 

FR: Algunos integrantes de la clase media (principal propietaria y garante del sistema democrático de gobierno), al menos los más educados, parece que empiezan a comprender la magnitud de la operación en la que Matrix asoma la cabeza, al lado naturalmente del sempiterno Becerro de oro al que hay que seguir adorando. Pero el problema central está en saber si el conjunto de “los políticos” que periódicamente legitimamos en las urnas son capaces o no de darle la vuelta a esta dinámica perversa o cuando menos de controlar a este caballo desbocado. ¿Desde el punto de vista de su área de especialización usted aprecia regulaciones legales, administrativas y técnico-científicas suficientes?

JTS: No. Una de las principales conclusiones de la investigación sobre los efectos sociales de la digitalización es que la polarización social y política que vivimos en la actualidad tiene fundamento laboral. En su versión actual los procesos digitales de automatización y control algorítmico tienden a substituir y empobrecer el trabajo y su calidad. Por otra parte, los avances de productividad marginal y los efectos de emprendimiento e innovación sobre el empleo todavía no son lo suficientemente significativos como para compensar las pérdidas y el empobrecimiento del trabajo. Tradicionalmente, estos efectos, más a largo plazo, siempre han compensado las pérdidas y empobrecimiento del empleo a corto plazo. Económicamente sabemos de la relevancia de abordar los cambios competenciales del trabajo a través de amplios programas de formación, apoyo al emprendimiento y la innovación de las empresas, lucha contra el poder de mercado y la transformación digital de la función pública. No atender a los fundamentos de la polarización laboral suele salir muy caro. La desesperación y la ansiedad laboral suele exportarse al contexto social y político en forma de conflictos y desordenes de todo tipo. La historia no se repite, pero suele rimar. Solo hace falta analizar los problemas económicos y sociales de hace ahora un siglo, para comprobar lo que se avecina. En Europa, en general, los políticos suelen ser consciente de ello, aunque su capacidad de actuación suele ser limitada. Sin embargo, la presión de la inmediatez, el cálculo electoral, las necesidades de notoriedad y por qué no decirlo, una visión de la política muy orientada desde una visión gerencial con notables influencias de sectores poderosos, no permite afrontar los retos necesarios que necesita el bien común. Hay muchos ejemplos de esto: inmigración, pensiones, cambio estructural, política tecnológica. La economía científica ya hace tiempo que ha puesto investigación y recetas de política económica a disposición de la política. Dos ejemplos, consulten Buena economía para tiempos difíciles, de Abhijit Banerjee y Esther Duflo, y La economía del bien común, de Jean Tirole, todos ellos Premios Nobel de Economía.

 

FR: Avancemos otro paso, que a estas alturas de los tiempos parece determinante para ir a al fondo del problema: ¿Cree que se puede reformar el capitalismo sin reformar antes la democracia? Porque si se quiere jugar el partido con jugadores amateurs contra futbolistas de primera división, convenientemente motivados con primas sobre el rendimiento, etc., ¿el resultado es fácil de adivinar, no le parece?

JTS: Otro gran tema. En sus más de dos siglos de existencia (en economía solemos fechar los inicios del capitalismo inglés alrededor de 1820), el capitalismo y en consecuencia la economía científica, ha sido capaz de auto-innovarse y de importar regulaciones de otras aproximaciones no fundacionales. Un gran ejemplo de esto es la síntesis neoclásica-keynesiana que aglutinó dos visiones del capitalismo, y le permitió regular a través de la intervención pública (políticas de demanda y corrección de los excesos de los mercados), los primeros desequilibrios de la economía, y acabar por generar la época de crecimiento económica y prosperidad social más larga y floreciente de la historia para Occidente (las tres décadas que van desde el final de la IIGM hasta la crisis del petróleo). No es de extrañar el pensar que el capitalismo será capaz de encontrar nuevas estrategias de organización para “salvarse de los capitalistas”. La economía científica nos pone encima de la mesa que hay estrategias y políticas de recrecimiento y organización social, e incluso de deconstrucción capitalista (decrecimiento), que vistas de una manera holística, son integrables en una visión común.

 

FR: Para mover la gigantesca maquinaria que está en la base de la digitalización de la economía, la sociedad y las vidas de los particulares se está movilizando una ingente cantidad de recursos naturales y de capital. Cables submarinos, centros de datos en constante expansión, generación de energía en constante crecimiento, etc. son parte de una economía física y tangible que incluso puede incidir en el equilibrio ecológico del planeta… ¿Hacia dónde vamos? Y el poder político de la vieja Europa de las naciones-estados, o la aún más vetusta de las regiones, aparte de ser un mercado central en esta gigantesca operación, ¿qué peso real tiene para encauzarla en beneficio del conjunto de la sociedad?

JTS: Durante mucho tiempo no se prestó demasiada atención a las huellas ambientales de la digitalización. Con la irrupción de la inteligencia artificial —que, por cierto, y a pesar de la inmaterialidad que nos sugieren las big tech, tiene unas cargas ambientales de gran calado y magnitud, que no podemos obviar— Kate Crawford, investigadora de la Universidad de Columbia, ha escrito un excelente ensayo sobre estas cargas sociales y ambientales. El libro se llama Atlas de IA. Me parece bastante obvio que deberemos utilizar a la misma IA para reducir sus cargas sociales y ambientales, aunque ello suponga ralentizar algunos de sus desarrollos. Creo que la tecnología puede ayudarnos mucho a reducir las cargas ambientales y a luchar contra el deterioro del medio ambiente. Pero, me temo que el determinismo tecnológico no es la única solución. Hay que empezar a imaginar nuevas formas de comportamiento económico, nuevos incentivos, nuevos impuestos y nuevas instituciones que protejan efectivamente al planeta. Precisamente, los Estados-nación y las regiones europeas pueden ser de vital importancia para desarrollar estos nuevos mecanismos de organización social de la producción y el intercambio en la era digital. De hecho, sus capacidades para interactuar dentro del territorio con el tejido empresarial es clave para movilizar recursos e ideas de sostenibilidad.

 

FR: Para completar el coloquio una cuestión breve, que sobrepasa el ámbito meramente económico o técnico (con una respuesta, por favor, igualmente breve): ¿Cree que es sostenible la democracia liberal que actualmente disfrutamos los occidentales o está condenada al fracaso?

JTS: Justo lo contrario. Una versión actualizada de la democracia liberal, en versión más representativa y digital, no es que no sea sostenible, es que es la solución. Siguiendo la visión de los economistas institucionalistas, como Daron Acemoglu en Por qué fracasan los países, la democracia liberal ha sido una forma de organización social que permite la materialización de instituciones inclusivas que trabajen para el bien común. Cegados por la polarización digital y la disrupción de su transformación social, cada vez más gente piensa (lo que incluye algunos economistas), erróneamente, que las autocracias y los hombres fuertes, son la solución. Pienso que, desgraciadamente, tendremos que volver a comprobar los errores y problemas vinculados con el desmantelamiento de las instituciones inclusivas, para darnos cuentas del error que estamos cometiendo. Lo dicho, la historia no se repite, pero rima.

 

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