Políticas en el espacio iberoamericano

Políticas en el espacio iberoamericano

mayo 7, 2019 Desactivado Por inqualitas
jordi bacaria
Jordi Bacaria
Director de la revista Foreign Affairs Latinoamérica
«En el espacio iberoamericano hay que hacer políticas que faciliten la movilidad del conocimiento»

Jordi Bacaria Colom es catedrático de Economía Aplicada en la Universidad Autónoma de Barcelona y director de la revista Foreign Affairs Latinoamérica editada en el Instituto Tecnológico Autónomo de México. Ha sido director del Instituto Universitario de Estudios Europeos en la UAB; codirector europeo del Instituto de Estudios de la Integración
Europea en México, por encargo de la Comisión Europea; y director general del CIDOB (Barcelona Centre for International Affairs). En 1979 fue primer teniente de alcalde de Hacienda en el Ayuntamiento de Sant Cugat del Vallés (Barcelona). Ha sido investigador visitante en el Center for Sttudy of Public Choice en la George Mason University en Virginia. Ha participado en proyectos en la Hankuk University of Foreign Studies, en la Chonbuk National University en Corea y en The University of Dodoma en Tanzania. Ha impartido cursos en Hebrew University de Jerusalen, Royal Veterinary and Agricultural University (actualmente Universidad de Copenhague), Universidad de Celaya y Universidad Veracruzana.

Antes de centrarnos en el presente y el futuro o futuros probables de Iberoamérica, ¿hacia dónde cree usted que va Europa?

Europa y en concreto la Unión Europea está sometida a fuertes tensiones internas y externas y se muestra incapaz de resolver los problemas de liderazgo europeo mientras se debate entre las opciones populistas de menos Europa y las de más Europa. Internamente, en lugar de avanzar en la construcción europea en el marco de una democracia liberal, emergen fuerzas centrífugas que tienden hacia democracias iliberales y a su destrucción institucional. Estas fuerzas que tienden a alejarse de la centralidad tienen su explicación en diversos eventos que han ocurrido en la última década empezando por la Gran Crisis y las políticas de austeridad. Los flujos migratorios en época de recesión han contribuido al aumento de la insatisfacción. Sin embargo una parte importante del problema viene del de la financiación del estado de bienestar, que tiene una componente de cambio tecnológico y de retraso manifiesto de la Unión Europea frente a otras potencias emergentes como China. Europa lleva una década a la defensiva y por lo tanto con dificultades para avanzar. Los riesgos de la deuda soberana, los límites a la política monetaria practicada, el Brexit y los temores a una nueva recesión paralizan aún más cualquier acción coordinada o consensuada entre los Estados miembros de la Unión Europea. Europa irá hacia donde las fuerzas directrices, que solo pueden ser los Estados de mayor peso económico y político, quieran que vaya.

Por su estrecha colaboración con el ITAM de México, usted conoce bien el país. ¿Cuáles son las perspectivas económicas y sociales que más destacaría en el recientemente estrenado mandato del presidente López Obrador?

El presidente López Obrador es un presidente que ha ganado la presidencia gracias a su permanente activismo iniciado en los años noventa en su Estado de Tabasco y en un momento en que las anteriores presidencias, desde el año 2000, han fracasado en la contención del crimen y la violencia, así como en erradicar la corrupción. Su victoria responde en gran medida a la falta de alternativas políticas. López Obrador sigue manteniendo el activismo para mantener un amplio apoyo social que le permita sustentar sus políticas, por otra parte muy imprecisas y contradictorias en sí mismas.

Todo ello incide directamente en la economía y en el ámbito social. A pesar de la incertidumbre generada no solo por el cambio político sino por la decisión de Donald Trump de finalizar el TLCAN-NAFTA y sustituirlo por otro tratado T-MEC-USMCA, pendiente de ratificación, la economía sigue manteniendo unas tasas de crecimiento sostenido, aunque no tan elevados como en el sexenio anterior y el indicador de actividad económica en 2019 con una expansión del 1,2% se recupera de los bajos niveles de 2018. El PIB de 2019 estará por debajo del 2%, pero aun así por debajo de la media del sexenio anterior.

El gran problema de la economía de México es poder tener unas tasas de crecimiento sostenido suficientes como para poder sustentar una mejor redistribución de la renta con políticas de medio y largo plazo basadas en la salud y educación (hay iniciada una reforma educativa) y que tenga efectos distributivos territoriales. Hasta ahora la oferta política del gobierno de López Obrador se basa en políticas asistenciales para reducir la pobreza (que le puede proporcionar un rédito electoral). Sin embargo las políticas de igualación hacia abajo argumentadas para eliminar los privilegios, pueden reducir el apoyo político de determinadas clases medias que ven como su renta disminuye sin contrapartidas. Redistribución sin crecimiento no es sostenible políticamente a medio plazo. Por otro lado el crecimiento económico necesita de inversiones extranjeras, acompañadas de políticas públicas en infraestructuras y un marco de confianza internacional, que vista la política exterior de México y las decisiones sobre inversiones no van en la línea de atracción de inversores. Decisiones sobre la cancelación de la construcción del NAIM (nuevo aeropuerto internacional de México), la cancelación de las Zonas Económicas Especiales (ZEE) para el desarrollo de ocho estados y el reequilibrio territorial, las incertidumbres en la reforma del sistema financiero para una mayor nacionalización del mismo, no son decisiones ejemplares para la atracción de las inversiones extranjeras.

Es evidente que hay varias regiones, con distintos niveles de desarrollo, en el ámbito iberoamericano, tanto político, como técnico-científico, económico y social. ¿Pero, a grandes rasgos, nos las podría esbozar en el mapa?

En general Latinoamérica y el Caribe es una de las regiones del mundo con mayor desigualdad, lo cual afecta directamente en su nivel de desarrollo y en la persistencia de la pobreza y muy en particular en las áreas rurales y con población indígena. Este desfase en el desarrollo afecta su acceso a la economía digital y en este ámbito está muy por detrás de Asia e incluso de África. En contraste las elites económicas y sociales de estos países tienen niveles de educación y formación comparables a países desarrollados.

Si pensamos en un mapa, éste es variable a lo largo del tiempo debido a los cambios políticos. Aun asumiendo que en las últimas décadas las democracias en América Latina se han ido consolidando y han ido desapareciendo las situaciones de conflicto abierto, en algunos países el crimen y la violencia son verdaderos límites al desarrollo. En general las alternancias políticas siguen estando muy polarizadas y es difícil que se consoliden formaciones y gobiernos con posiciones de centro.

Un mapa económico posible a grandes rasgos, es el que se configura a partir de su apertura económica internacional, que acaba con las posiciones proteccionistas del pasado. Las grandes economías han avanzado en esta apertura (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú) con mayor o menor éxito. Otros países centroamericanos como Panamá y Costa Rica también. En su apertura internacional destacan grandes diferencias, la de los países que se han abierto a los flujo comerciales e inversiones extranjeras, sobre la base de sus recursos naturales (en general América del Sur) y del crecimiento de la demanda de China y los países que han diversificado su economía industrial y manufacturera (México, Costa Rica y últimamente Colombia). Esta situación ha dado tasas de crecimiento muy distintas y sometidas a la demanda externa. Así mientras la economía de China ha estado en crecimiento, las economías de Argentina, Brasil entre otras han crecido. Cuando el elemento impulsor ha frenado, otras economías como México y Costa Rica han crecido de modo más sostenido, aunque también sometidas a los cambios de demanda de Estados Unidos principalmente. Las economías exclusivamente productoras y exportadoras de energía (Venezuela, Bolivia) han estado sometidas a los avatares de los precios del petróleo (y éstos de la demanda mundial) y sus modelos económicos alternativos han entrado en crisis.

¿Cómo resumiría un análisis DAFO de estas zonas? ¿Cuáles son sus debilidades, fortalezas, amenazas y oportunidades identificables?

Las debilidades principales son las derivadas de la desigualdad social e inequidad que impide la formación de capital humano, genera injusticia y deriva en crimen y violencia. Las fortalezas son los recursos naturales disponibles y las elites con buena formación, aunque esta situación puede derivar hacia situaciones llamadas como “maldición de los recursos” en que a pesar de la abundancia se alcanzan niveles de crecimiento económico inferiores a la de otros países con menos recursos. Las amenazas son internas y externas. Las internas son los populismos a causa de las dificultades de consolidar sus sistemas democráticos por la inestabilidad que produce la desigualdad. Las externas, son producto de los cambios en la geopolítica y la disposición de determinados actores internacionales en convertir el mapa de la región en la configuración de un nuevo orden internacional. Las oportunidades son muy cambiables. Si bien la oportunidad de la integración regional y la mundialización han sido evidentes en las dos últimas décadas (TLCAN, Alianza del Pacífico, TPP, Mercosur) los cambios producidos por el avance del proteccionismo, la competencia internacional por los recursos naturales y los cambios en las cadenas globales de valor debidos a los rápidos avances en la inteligencia artificial pueden truncar las oportunidades si no se hace frente a las debilidades.

En cuanto a nosotros, los ibéricos de este lado del océano, ¿Cómo percibe nuestro interés y nuestro grado de implicación con respecto a las posibilidades y esperanzas del conjunto iberoamericano?

Los intereses vistos desde Europa o desde los Estados Ibéricos presentan ciclos en función de la capacidad de liderar una estrategia conjunta europea hacia América Latina. Los intereses económicos de España y Portugal en la región han aumentado mucho. Desde finales del siglo pasado, las inversiones ibéricas se han orientado a los servicios, servicios financieros, turismo e industrias de la energía, mientras que las manufacturas sobre todo en el sector del automóvil han estado lideradas por Alemania. Esto ha generado todo tipo de riesgos (nacionalizaciones, variaciones de precios) y a veces las decisiones han tenido que priorizar la eliminación de riesgos en unos sectores con mucha competencia internacional y que al no generar tejidos industriales en cadenas de valor son muy vulnerables. El concepto de mercado natural para el conjunto Iberoamericano en ambos sentidos es básico en la relación, aunque no siempre han sido estratégicamente correctas. Ejemplos como en Cuba con la posición común que adoptó la Unión Europea en 1996 (y enterrada en 2016), las relaciones con los países de la Alianza Bolivariana en algunos momentos muy mediatizadas por la posición de Estados Unidos, han tenido sus costes empresariales y estrategias divergentes entre empresas y gobiernos. La creación de la Secretaria General Iberoamericana (SEGIB) impulsada por España y fundada en 2005 para coordinar y gestionar las Cumbres Iberoamericanas ha tenido sus altos y bajos. Sobre todo presupuestarios a partir de la crisis, y políticos prácticamente desde sus inicios. Un funcionario de la organización me decía que cuando quería explicar lo que era la SEGIB, empezada por el famoso “¿por qué no te callas?, que el Rey Juan Carlos I dirigió en la Cumbre de noviembre de 2007, al presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Era una manera rápida de ubicar la organización poco conocida al público no experto.

Y como profesor de economía aplicada en la Universidad Autónoma de Barcelona, aprovechando que le tenemos a este lado del “charco”, ¿podría resumirnos su visión sobre las fortalezas y debilidades de la economía española en general y de la catalana en particular? ¿En qué sectores podemos cooperar mejor y crecer juntos con nuestros hermanos latinoamericanos? En un momento como el actual en que la nueva revolución tecnológica avanza rápidamente (“la cuarta revolución industrial”, “industria 4.0) y el conocimiento es la base de esta revolución, Europa se encuentra peor posicionada que Estados Unidos y China. Avances en la inteligencia artificial, en el 5G en telefonía móvil, en el vehículo eléctrico y autónomo, en las energías alternativas, requieren una fuerte inversión pública y privada en investigación y sus efectos no son inmediatos. Éstas son las principales debilidades de la economía española y catalana en el futuro inmediato. No se ha salido del modelo de crecimiento basado en la construcción, turismo, con costes laborales bajos y trabajo que requiere baja cualificación. Al mismo tiempo con una transformación del sistema de intermediación financiera que aprovecha los avances tecnológicos para cambiar el modelo con una fuerte reducción en los costes de servicios personales (atención directa). Precisamente han sido los sectores de la construcción (obra pública), turismo y banca, los que han tenido una expansión importante en América Latina, aprovechando por una parte el “mercado natural” aunque con una fuerte competencia internacional. Este modelo que tiene sus límites en Europa, puede tener todavía un cierto recorrido en América Latina, pero acabará agotándose y la competencia será muy fuerte. Hay que seguir innovando en estos sectores para seguir estando presentes en estos mercados aunque hay que pensar en las nuevas demandas en función de los cambios demográficos y de las preferencias de los consumidores. Sectores como la producción y transformación de alimentos, transporte, energías renovables, ocio, son fuentes de oportunidad. Sin embargo también dependen mucho del riesgo país y por tanto de la estabilidad económica y política de los países de la región.

También hay que hacer políticas que permitan la facilidad de la movilidad del conocimiento. A pesar de la mejora en la libre circulación de mercancías, servicios y capitales, hay que avanzar en la cooperación en estándares eliminando barreras no arancelarias y control de fronteras. A pesar de la revolución tecnológica se sigue controlando la circulación de personas y mercancías en fronteras con métodos del siglo pasado. Esto merma los incentivos a la movilidad del personal cualificado y del turismo, con poca eficacia sobre los flujos irregulares que se pretenden controlar.

En Cataluña, en España y en Europa en general, detectamos una tendencia hacia el tremendismo en el momento de analizar la actualidad iberoamericana. Los aspectos negativos predominan sobre el trabajo discreto y constante de una potente clase media profesional en ascenso. ¿El estado de opinión, en nuestra sociedad en general y en el mundo empresarial, hacia la realidad iberoamericana es el correcto?

Ciertamente existen prejuicios sobre los países de América Latina, aunque también muchos se sustentan sobre datos objetivos, sobre los índices de criminalidad, corrupción y calidad democrática. El tremendismo encuentra así un componente de difusión basado en la proximidad cultural, lingüística e incluso por lazos familiares. A pesar de esta proximidad y quizás por ello existe una cierta incomprensión (mutua). El mismo concepto de Iberoamérica, como unidad cultural cuando incluye España y Portugal, es el reflejo de esta incomprensión al no considerar la enorme diversidad de todos los países que la conforman. El prejuicio tradicional sobre lo “sudamericano” desde España, esconde la ignorancia que una parte importante de Iberoamérica está en Norteamérica con México. Al mismo tiempo que en México se consideran más norteamericanos que latinoamericanos y les es difícil de comprenderse a sí mismos como iberoamericanos. Desde Latinoamérica muchas veces de busca una identidad desde el indigenismo y de ello se hace una causa política en contra del pasado colonial. Aunque estas actitudes se han ido corrigiendo en las últimas décadas, recientemente hemos visto con qué facilidad pueden emerger cuando algunos líderes las sitúan en su agenda de confrontación. Conocer en profundidad los países, los grupos de relación y el capital social que permite que los profesionales se relacionen con sus homólogos de otros países no es fácil. En términos absolutos el número de profesionales con una buena formación y capital humano en Latinoamérica es muy importante, aunque a veces desde nuestro país a veces lo vemos solamente en términos relativos a su población y también debido a su enorme desigualdad por las dificultades de funcionamiento de su “elevador social”. Cambiar esta errónea perspectiva exige una ardua tarea desde el mundo político y del conocimiento.

Tanto en su ocupación actual como responsable del área iberoamericana en la revista Foreign Affairs, como anteriormente en tanto que director del think tank barcelonés CIDOB, usted conoce bien los vectores principales que conforman la actualidad. ¿Hacia dónde prevé que pueden derivar las crisis más graves, como por ejemplo en Venezuela o en la frontera mejicana con el poderoso vecino del norte?

México se encuentra atrapado en estos momentos entre el riesgo de cierre de la frontera norte, vital para la economía del país, y el control de la frontera sur. El presidente Trump amenaza en cerrar la frontera si México no es capaz de controlar los flujos de su frontera sur, de las personas que huyen de la violencia y de la pobreza en Centroamérica. Trump planteó su política del “muro” contra los migrantes mexicanos y a pesar de la evidencia se tardó en reconocer que los migrantes no son mexicanos sino que actualmente son centroamericanos. En Europa sabemos de las dificultades de control de las fronteras exteriores incluso en una Unión Europea con una fuerte integración económica. Entre México y Estados Unidos hay un enorme comercio, pero una escasa integración económica en el sentido de un mercado único como entendemos en Europa. Estados Unidos en lugar de buscar soluciones de cooperación para limitar los flujos de centroamericanos se limita a proponer la construcción de un muro en Estados Unidos y que lo paguen los mexicanos. El gobierno de México se encuentra atrapado entre dos fronteras. Entre dos conflictos a resolver. La buena relación con Estados Unidos básica para la economía de México y el conflicto del control en la frontera sur con Guatemala y en sus propios estados como en Chiapas que reciben la primera presión o en los del norte, Chihuahua y Baja California, punto de cruce de la migración hacia Estados Unidos.

Venezuela, es el drama de los países con más importantes recursos del petróleo del mundo. No ha sabido aprovechar los años de éxito en crecimiento industrial (setentas o principio del milenio) y ha pasado de la desigualdad por arriba a la igualdad por abajo. De una mala distribución de la renta, a pesar de los recursos, a una pésima distribución basada en las políticas de subsidio clientelista. Los vaivenes en los precios del petróleo, el cambio en el mercado de Estados Unidos, que se ha convertido en exportador de energía y ya no depende de las importaciones desde Venezuela, han sumido el país en la pobreza y en el caos político de la confrontación. Por ello ha sido difícil articular una oposición al “chavismo”. Se ha llegado a un punto en que un bloque no puede imponerse al otro ni democráticamente por el bloqueo institucional ni por la fuerza por las tensiones internas o los bloqueos exteriores. Dada la situación en Venezuela, solo caben dos escenarios, o una transición pactada con apoyo internacional o una intervención militar que sumiría al país en el desastre y en una dictadura militar de cualquier signo, fruto de la confrontación geopolítica internacional para establecer un nuevo orden mundial. El escenario de intervención militar no es compartido ni por Guaidó ni por los países que le reconocen como presidente encargado, ni por China. Pero en parte Guaidó depende de Estados Unidos que controla los recursos de la incautación de Citgo, la filial de la compañía estatal Petróleos de Venezuela en suelo norteamericano. La posición de Estados Unidos en relación a los vecinos de Venezuela, Brasil y Colombia y sus presidentes Jair Bolsonaro e Iván Duque apoyando la intervención son claves desde un punto de vista estratégico militar.

Hablando de vecinos poderosos, ¿cuál puede ser en los próximos años la penetración económica china en el continente? ¿Existe una reacción europea lo suficientemente fuerte como para consolidar su presencia en el área y preservar sus intereses legítimos?

La penetración de China en el continente es un hecho por una triple vía. Por la de la importación de los recursos naturales y alimentos que China necesita, fuente de recursos para las economías exportadoras. Por las inversiones en infraestructuras para asegurar este comercio y también en inversiones como en compañías de electricidad, que suponen fuertes entradas de capital. Y las exportaciones de manufacturas chinas y bienes de equipo en unos mercados todavía dominados por Estados Unidos y por Europa. No hay que descartar que ante la posición de Estados Unidos en relación al dominio chino en la tecnología 5G, China encuentre en el mercado de Latinoamérica un espacio de expansión de la mano de las compañías de la región.

Europa ha avanzado en la modernización de los tratados como es el caso de México pendiente de ratificación, Chile en renegociación y con el establecimiento de tratados con los Países Andinos y Centroamericanos. Aunque con problemas con Mercosur. Los tratados de libre comercio son una condición necesaria pero no suficiente. Hoy el comercio de rige por inversiones y cadenas de valor. Cadenas de valor que además están cambiando debido a las nuevas tecnologías. Solo con una industria y servicios potentes, puede Europa mantener y aumentar su posición en Latinoamérica.

¿Y cuál es su visión global? ¿Hacia dónde va la humanidad y cuál es la posición e influencia real que en los próximos años los países de habla española y portuguesa pueden tener en el mundo?

En nuestro espacio europeo, estamos desconcertados por la rapidez de los cambios que se producen con las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial, con las consecuencias de la globalización y las pérdidas de empleo, renta y bienestar. El debate sigue siendo como hace siglos, si la deslocalización y las innovaciones producen desempleo. La velocidad de los cambios es lo que produce incertidumbre sobre nuestra capacidad de adaptación y requerimos más intervención del Estado, que tiene pocas posibilidades, para poder mantener nuestra soberanía de consumidores y productores. Exigimos más soberanía al Estado frente a la globalización.

La lucha contra el cambio climático también exige cambios importantes en la producción y el consumo. La economía colaborativa o compartida que parecía ser la panacea del cambio, está mostrando sus límites con tensiones laborales, cambios en la geografía urbana, y costes externos crecientes. El equilibrio final depende de la capacidad de encontrar consensos y compensaciones tanto a nivel nacional como supranacional. Pero no hay que descartar que tanto las tensiones y conflictos globales puedan aparecer, debido a la búsqueda de nuevas posiciones de poder en la geopolítica global. Se pueden encontrar soluciones de disuasión nuclear como en la época de “guerra fría”, pero también en las nuevas estrategias de “guerras híbridas” y localizadas.

No hay que esperar una influencia real de los países de habla española y portuguesa a corto y medio plazo, si antes no se resuelven los puntos críticos de su desarrollo. Quien gana influencia real es quien consigue situar a sus principales empresas en el ámbito global. China lo está consiguiendo. Según McKinsey Global Institute, en 2025 China tendrá más empresas de más de mil millones de ingresos anuales que Estados Unidos y Europa.

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Redacción Barcelona