Sobre el soberano y sus ministros

Sobre el soberano y sus ministros

septiembre 24, 2025 Desactivado Por inQualitas

En la obra dedicada a los príncipes de su tiempo Maquiavelo afirmaba que “para evaluar la inteligencia de un soberano, el primer paso es observar de qué hombres se rodea”. Y en el mismo capítulo ‘De los secretarios (o ministros) de los príncipes’ añadía: “No es de poca importancia para un príncipe la buena elección de sus ministros, los cuales son buenos o malos según la prudencia que él usó en ella. El primer juicio que hacemos, desde luego, sobre un príncipe y sobre su espíritu no es más que conjetura; pero lleva siempre por fundamento legítimo la reputación de los hombres de los que se rodea este príncipe. Cuando ellos son de una suficiente capacidad y se manifiestan fieles, podemos tenerle por prudente a él mismo, porque ha sabido conocerlos bastante bien y sabe mantenerlos fieles a su persona”.

Los diputados, ministros y consejeros del soberano popular son, sin duda, la parte sustancial del problema de la falta de calidad en la política y en los políticos; y no tanto las leyes por las que nos regimos. Así, pues, hay que dirigir el dedo acusador hacia quién les ha puesto en el poder o en la antesala del mismo. En esencia, en una democracia la soberanía reside en sus ciudadanos y, en consecuencia, es el pueblo quien con su voto les ha legitimado para gobernar. Aquí y ahora parece entonces evidente que el soberano no está demostrando precisamente una gran lucidez a la hora de ejercer su derecho, así como también de cumplir con su principal obligación política.

Tan grave es el problema que si no encontramos la vacuna que nos inmunice contra el pernicioso virus de la mediocridad en el gobierno de las repúblicas la democracia perecerá entre las garras de sus enemigos. Mediten sobre este aspecto esencial los ciudadanos en posesión de su derecho al voto cada vez que se les llame a ejercer el derecho hereditario que les otorga la posesión de una acción en las respetables sociedades políticas organizadas en países civilizados. Es decir, si las opciones acerca del personal directivo que les ofrecen los partidos políticos en sus listas electorales son las mejores o cuando menos las menos malas.

O si, pongamos por caso, puede existir alguna institución, preparada y solvente, para indicarles la calidad profesional y humana requeridas para gobernar en su nombre sociedades y economías en entornos cada vez más complejos. Como podría ser, pongamos por caso, un senado basado en el mérito, que contribuya a su vez a guardar en el baúl de los trastos viejos de la historia a los viejos senados partitocráticos, esos inútiles cementerios de elefantes en los que se acomoda a toda suerte de beneficiarios conectados con las oligarquías internas de los partidos políticos (democráticos, por supuesto), principales y prácticamente únicos actores en el drama o, según se mire, en la tragicomedia del ejercicio del poder político en las democracias liberales.