¿Preguntas sin respuesta o respuestas sin sentido?

¿Preguntas sin respuesta o respuestas sin sentido?

diciembre 21, 2012 Desactivado Por inQualitas
Josep Rof

Josep Rof

Ingeniero industrial por la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), y máster en Dirección de Empresas por ESADE, a lo largo de su trayectoria profesional ha dirigido empresas como Prodstar, Baan Ibérica Company, Vanenburg Business Systemas o CCS Agresso. Más recientemente ha sido director general de Stratesys y director gerente de Citius Avanza. En la actualidad es asesor de Industria e Innovación de la Cámara de Comercio de Sabadell y, desde el 2009, ocupa el puesto de CIO del Grupo Agbar. Desde el año 2008, preside Secartys (Asociación Española para la Internacionalización de las Empresas de Electrónica, Informática y Telecomunicaciones).

¿Preguntas sin respuesta o respuestas sin sentido?

¿Qué opciones tiene una empresa que quiere crecer? ¿Qué hace crecer una economía, y más aún, una inmersa en una de las crisis más grandes de la historia? ¿Qué mejor opción puede tener un país para prosperar que una industria fuerte y con una gran presencia exterior?

Uno de los ejes de activación económica de un estado, de la generación de empleos y de la mejora de la imagen de un país en el exterior, es su tejido empresarial. Nos referimos, no solamente, a sus grandes empresas, que se han labrado un nombre propio al margen del nombre del país donde nacieron, sino también a la inmensa mayoría formada por pequeñas y medianas empresas. Nuestras PYMES han sido y son especialistas en pequeños nichos de mercado, muchas veces con poca o ninguna experiencia exportadora pero que se distinguen por la calidad e innovación en sus productos y servicios. Y son estas, precisamente, las que necesitan un mayor apoyo desde el gobierno central y autonómico, y desde los entes públicos adscritos a ellos, para lograr el éxito internacional, y así convertirse en abanderados de la marca España y de la imagen que queremos mostrar fuera de nuestras fronteras.

Para generar credibilidad y confianza, para obtener reconocimiento y prestigio internacional y ser percibidos como un país trabajador y luchador, consciente de la situación en que se encuentra y que se esfuerza por salir adelante, hay que empezar por construir esa confianza desde el interior.

Pero paradójicamente, este apoyo no parece ser una prioridad para aquellos que tienen la potestad de hacer algo al respecto, para los que deciden a dónde se destinan los recursos. Los organismos dependientes de la Administración, que tradicionalmente han velado por el fomento de la internacionalización, se están quedando sin dotaciones públicas y muchos de ellos a duras penas consiguen cubrir sus gastos de estructura, partida que curiosamente no se ha visto tan mermada.

Nuestros dirigentes hablan mucho y bien de los beneficios de la exportación, y dicen estar convencidos de su trascendencia a la hora de salir de la crisis, de que las empresas tienen que hacer un esfuerzo para expandir sus mercados objetivos y abrirse al exterior. Sin embargo, ello no se traduce en una decidida apuesta por destinar los recursos y esfuerzos donde realmente podrían ser aprovechados y donde generarían un importante ROI que dejaría notar sus efectos en un corto plazo de tiempo.

Tomando prestada una expresión proveniente del derecho, el Estado debería comportarse con la «diligencia de un buen padre de familia» para con sus empresas, y alzarse como el firme apoyo en el que las empresas puedan sostenerse en momentos de necesidad.

Si hay algo en lo que estamos todos de acuerdo, es en la gravedad del momento en que nos encontramos. En lo que ya no lo estamos tanto es en cuáles son las prioridades y cuáles son las medidas más adecuadas que tomar al respecto. Otro ejemplo ilustrativo: la partida presupuestaria del gobierno para investigación en ciencia y tecnología ha venido sufriendo un recorte acumulado durante los últimos tres años que alcanza ya el 23%. Tenemos buenos productos y un gran potencial para hacerlos competitivos a escala mundial, pero ¿cómo va a ser competitiva una empresa en el exterior sin productos innovadores, sin ingenieros ni científicos para desarrollarlos? ¿Sin apoyo económico para iniciar estos costosos procesos?

Estas son las preguntas que nos dirigen las empresas, que se adivinan en las reuniones de trabajo, que nos persiguen al tomarnos el café de la mañana y al leer el periódico. Pero sin lugar a dudas, la pregunta que indefectiblemente siempre acaba cerrando la conversación es: ¿Están nuestros dirigentes haciéndose estas preguntas?

 

Editorial publicado en la revista Secartys News, Nº 7 correspondiente a noviembre de 2012.

Más información:
http://www.secartys.org/