
Entrevista a Teresa Guasch
julio 21, 2026
Teresa Guasch Pascual es doctora en Psicología y licenciada en Psicopedagogía por la Universitat Ramon Llull (2003). Ha realizado estancias en diferentes universidades del Reino Unido, Finlandia, Holanda y Estados Unidos. Entre 2014 y su nombramiento como vicerrectora, ocupó el cargo de directora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya. Su actividad investigadora e innovadora se centra en los procesos de enseñanza y aprendizaje en entornos virtuales desde una perspectiva psicoeducativa. Es experta en formación del profesorado universitario, aprendizaje en entornos virtuales, ayudas educativas y retorno electrónico (e-feedback), así como en la escritura como herramienta de aprendizaje en contextos virtuales.
La educación superior a distancia está consolidada desde hace tiempo que, pero la interacción digital profesor/alumno no hace mucho que empezó su andadura y en eso campo la UOC ha sido pionera en el ámbito español e hispanoamericano. ¿Se atrevería a resumirnos las fases de implantación de su proyecto educativo en el dominio lingüístico catalán y después el español?
La UOC nació en 1995 con una vocación muy clara: demostrar que era posible ofrecer una educación superior de calidad en un entorno completamente virtual. En aquel momento, esto suponía un reto enorme, tanto tecnológico como pedagógico. La primera fase estuvo marcada por la creación de un modelo educativo propio, centrado en el estudiante y apoyado en la interacción asíncrona entre profesorado y alumnado. Lo importante no era simplemente digitalizar contenidos, sino construir una experiencia educativa específica para el entorno virtual. La UOC fue la primera universidad del mundo con un modelo online.
En el ámbito catalán, la UOC fue pionera no solo por impartir docencia en línea, sino por hacerlo en catalán y contribuir así a la normalización de la lengua en el entorno digital universitario. Desde sus inicios, el compromiso de la UOC con la lengua catalana ha sido inequívoco. Cada año se producen miles de nuevos recursos docentes en esta lengua, muchos de los cuales posteriormente se abren en acceso abierto.
Posteriormente, una segunda fase vino determinada por la consolidación institucional y la ampliación de la oferta académica. A medida que internet se extendía y las herramientas digitales evolucionaban, también lo hacía nuestro campus virtual y nuestra manera de entender el aprendizaje en línea. Dejamos atrás una visión más instrumental de la tecnología para avanzar hacia entornos de aprendizaje mucho más colaborativos, interactivos y personalizados.
La expansión al ámbito español e hispanoamericano representó otra etapa muy relevante. La experiencia acumulada en Cataluña permitió adaptar el modelo a contextos lingüísticos y culturales diversos, manteniendo siempre los principios fundamentales de flexibilidad, acompañamiento docente y aprendizaje activo.
Actualmente la UOC ofrece 27 grados, 53 másteres universitarios y 9 programas de doctorado, además de una amplia oferta de formación continua y especializada. La inmensa mayoría se pueden cursar tanto en catalán como en español. Todo ello dentro de un modelo específicamente diseñado para el aprendizaje virtual y el acompañamiento continuo.
Actualmente la universidad cuenta con más de 97.500 estudiantes que residen en más de 130 países, así como más de 133.000 graduados acumulados desde su creación. Todo ello sin perder de vista el objetivo fundacional: ampliar las oportunidades de acceso a una educación superior de calidad, flexible, inclusiva y adaptada a las necesidades reales de la sociedad.
Hoy la UOC sigue siendo la única universidad que garantiza una oferta oficial universitaria íntegramente en línea en catalán. En paralelo, la universidad ha desarrollado una política lingüística muy sólida y coherente con su misión. El reciente Plan de lenguas 2025-2027 refuerza esta visión multilingüe y pluricultural, y además se han implementado iniciativas innovadoras de promoción lingüística y cohesión cultural, como el programa de voluntariado lingüístico “Xerra que Xerra”, desarrollado conjuntamente con el Consorci per a la Normalització Lingüística.
La UOC sigue siendo una universidad abierta al mundo, y actualmente coordina OpenEU, una alianza de universidades europeas para crear la primera universidad abierta y a distancia paneuropea, con el objetivo de facilitar un acceso más inclusivo y flexible a la educación superior.
Nuestro compromiso con las instituciones educativas españolas y de Latinoamérica es firme: nuestra rectora, Àngels Fitó, es la vicepresidenta de la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE) y preside la red de universidades de Latinoamérica CINDA.
¿En qué etapa se encuentran en la actualidad?
Diría que actualmente nos encontramos en una etapa de madurez y transformación al mismo tiempo. La educación en línea ya no necesita demostrar su legitimidad: hoy forma parte estructural de los sistemas universitarios de todo el mundo. Sin embargo, el gran desafío actual ya no es únicamente tecnológico, sino profundamente pedagógico, ético y humano.
Estamos en una nueva fase marcada por la inteligencia artificial, la analítica del aprendizaje y la necesidad de formar a las personas a lo largo de toda la vida. La universidad ya no puede pensarse únicamente como una etapa inicial de formación, sino como un espacio permanente de actualización y desarrollo profesional y personal.
En este contexto, la UOC está trabajando para integrar las nuevas tecnologías de manera crítica y responsable, siempre desde una perspectiva centrada en el aprendizaje. La inteligencia artificial abre oportunidades muy relevantes para personalizar itinerarios formativos, ofrecer retroalimentación más inmediata o mejorar el acompañamiento docente.
En estos momentos estamos impulsando la Misión uoc.Ωmega, presentada recientemente. La UOC quiere avanzar hacia una universidad “nativa en IA”, capaz de integrar la tecnología sin renunciar al pensamiento crítico, la capacidad de decisión humana y el valor educativo. La misión es una invitación colectiva a imaginar cómo debe evolucionar la universidad en un contexto en el que la inteligencia artificial ya no es una promesa de futuro, sino un cambio profundo de entorno. La iniciativa plantea repensar el modelo educativo, las experiencias de aprendizaje y el papel del profesorado ante una IA que ya está transformando la forma de aprender, generar conocimiento y tomar decisiones.
Se trata de repensar el modelo actual, en el que ya estamos integrando la IA. Por ejemplo, hace más de dos años desplegamos SofIA, una iniciativa estratégica de la UOC para integrar la inteligencia artificial de forma transversal en la docencia, la gestión universitaria, los servicios y la formación del personal. No se trata simplemente de incorporar herramientas de IA, sino de ponerlas al servicio del modelo educativo y de las personas.
En el marco de SofIA estamos trabajando en proyectos como asistentes virtuales para resolver dudas del alumnado, sistemas de apoyo al feedback y la evaluación, generación de rúbricas, análisis predictivo o herramientas de accesibilidad para estudiantes con diversidad funcional, y siempre con supervisión humana.
Además, actualmente la UOC se encuentra en una fase de consolidación internacional muy relevante, con la coordinación de la alianza europea OpenEU.
Creo que nos encontramos ante una transformación comparable a la irrupción de internet en los años noventa, pero ahora contamos con más de treinta años de experiencia acumulada e investigación sobre aprendizaje digital, y eso nos permite afrontar esta etapa con más conocimiento del entorno y de las necesidades de los estudiantes en línea.
En la elección que se le plantea a todo estudiante entre formación presencial o no presencial, ¿aparte de la experiencia de la pandemia del Covid-19, qué ventajas e inconvenientes destacaría en ambas?
Creo que hoy ya no deberíamos plantear la cuestión en términos de oposición entre formación presencial y no presencial, sino más bien preguntarnos qué modelo responde mejor a las necesidades, circunstancias y formas de aprender de cada estudiante.
La formación presencial ofrece una experiencia de socialización muy intensa y un contacto inmediato con compañeros y profesorado que puede ser especialmente valioso en determinadas etapas vitales.
Por otro lado, la formación en línea aporta una gran flexibilidad y accesibilidad. Permite compatibilizar los estudios con el trabajo, responsabilidades familiares o situaciones personales diversas, y elimina barreras físicas y/o geográficas. Pero lo más importante es que, cuando está bien diseñada, no consiste simplemente en “estudiar desde casa”, sino en participar en un entorno de aprendizaje activo, acompañado y colaborativo. Y pongo énfasis en “bien diseñada”, porque enseñar y aprender en entornos virtuales no es trasladar lo que hacemos en un entorno presencial a un formato digital.
Un dato muy relevante es que en la UOC el 91% del estudiantado compagina estudios y trabajo. Este cambio de perfil está relacionado con la evolución del concepto de universidad hacia el aprendizaje a lo largo de la vida. Muchas personas se forman, actualizan competencias o cambian de sector profesional varias veces a lo largo de su vida laboral.
Además, estos modelos se apoyan cada vez más en nuevas estructuras formativas como las microcredenciales. Durante el último curso, cerca de 600 personas cursaron microcredenciales en la UOC.
También es importante destacar que el aprendizaje online favorece competencias muy valoradas actualmente, como la autonomía, la gestión del tiempo, la responsabilidad personal, la resiliencia o la capacidad de autoorganización.
En definitiva, el debate no debería ser de oposición, sino de complementariedad. El futuro apunta claramente hacia modelos híbridos, personalizados y flexibles.
En especial en entornos familiares de clases medias, otro dilema para los estudiantes está en la elección entre educación superior pública o privada...
La universidad pública mantiene un papel fundamental como garante del acceso universal a la educación superior y como motor de cohesión social. Es el caso de la UOC, una universidad de mandato y precios públicos, además, nuestra vocación pública se combina con una apuesta clara por la democratización del acceso a la universidad a través de la tecnología y la flexibilidad.
Ese es precisamente nuestro propósito: impulsar el acceso a una educación superior de calidad que permita a las personas transformar su vida y su entorno. Impulsamos dicho acceso con un modelo privado de gestión, pero sin ánimo de lucro, y esta característica nos permite adaptarnos con mucha flexibilidad a las necesidades formativas.
Por eso creo que actualmente lo relevante no es únicamente la titularidad de la institución, sino la calidad del proyecto educativo, la investigación, el acompañamiento al estudiante y la capacidad de innovación.
La UOC combina precisamente misión pública, innovación digital y flexibilidad. Además, desarrolla una intensa actividad investigadora, con más de 500 investigadores y 58 grupos de investigación centrados en los efectos de la tecnología en la sociedad, en ámbitos como educación digital, salud digital o tecnología ética.
Para perfiles empresariales o profesionales, probablemente la pregunta clave ya no es tanto si una universidad tiene gestión pública o privada, sino cuál es su propósito y si ofrece un proyecto sólido, actualizado, de calidad, internacional, con impacto social y capaz de acompañar al aprendizaje a lo largo de toda la vida.
Avanzados los estudios otro aspecto determinante para el alumnado es la empleabilidad. ¿En las áreas que usted mejor conoce, cómo se puede evaluar la formación impartida a distancia? ¿En este aspecto la presencialidad es necesaria? ¿Cómo se plantean en la UOC superar el posible hándicap?
La empleabilidad es uno de los elementos centrales a la hora de valorar cualquier titulación universitaria. Vivimos en un contexto de transformación constante del mercado laboral, marcado por la digitalización, la inteligencia artificial o la transición ecológica.
En ámbitos como la educación, la tecnología educativa o el desarrollo de competencias profesionales, la clave no está tanto en la presencialidad como en la calidad del diseño formativo y en su alineación con las demandas reales del entorno profesional y social.
La formación a distancia puede evaluarse de manera rigurosa a partir de múltiples indicadores: adquisición de competencias, resolución de problemas complejos, capacidad de trabajo autónomo y colaborativo o inserción laboral de los titulados.
La presencialidad no es, en sí misma, un requisito imprescindible para garantizar la calidad o la empleabilidad. Lo determinante es que el estudiante participe en experiencias de aprendizaje significativas.
En el caso de la UOC, el modelo se basa en un acompañamiento constante del estudiante, un diseño instruccional muy estructurado y una fuerte interacción en el aula virtual.
Como ya he destacado, el 91 % del estudiantado compagina trabajo y estudios. Además, más del 75 % de los graduados considera que sus estudios han tenido un impacto positivo en su desarrollo profesional y el 77 % afirma que volvería a escoger la UOC.
La universidad también impulsa herramientas específicas de orientación profesional, como GPS Profesional, que permite analizar las competencias propias, y conocer las más demandadas del mercado laboral, para favorecer el “reskilling”. Además, la universidad organiza iniciativas de conexión con empresas y entidades, como la Feria Virtual de Empleo, que este año ha reunido a más de 1900 participantes y en la cual 170 empresas han compartido más de 500 ofertas.
Además, cada vez adquieren más importancia formatos flexibles como las microcredenciales, especialmente orientadas a la actualización rápida de competencias en ámbitos como la programación, inteligencia artificial o competencias digitales.
En definitiva, más que contraponer presencialidad y virtualidad, el verdadero reto está en garantizar que cualquier modalidad educativa sea capaz de desarrollar competencias relevantes y mejorar la empleabilidad real de los estudiantes.
¿Cómo cree que incidirá la IA en el previsible cambio de las habilidades adquiridas en el futuro en la mayoría de los empleos que requieren una formación superior?
La inteligencia artificial va a tener un impacto profundo en el mercado laboral y en muchos de los empleos que tradicionalmente han requerido formación universitaria. Pero no hablamos únicamente de sustitución de puestos de trabajo, sino de una transformación más amplia de las tareas, las competencias y la manera de trabajar.
Muchas tareas rutinarias podrán automatizarse parcial o totalmente. Sin embargo, la evidencia apunta a que la IA está reconfigurando las profesiones más que eliminándolas.
En este nuevo escenario, las capacidades más diferenciales serán precisamente las más humanas: pensamiento crítico, creatividad, interpretación de contextos complejos, comunicación interpersonal, ética profesional o toma de decisiones en situaciones ambiguas.
Esto implica una transformación relevante de la formación universitaria. Las universidades debemos formar personas capaces de aprender continuamente, de formularse preguntas relevantes, adaptarse a contextos cambiantes y desarrollar criterio propio.
Desde la UOC trabajamos precisamente para anticipar estos cambios. A través del Barómetro de Competencias y Ocupaciones de Cataluña, impulsado conjuntamente con PIMEC, analizamos la evolución de las competencias más demandadas por el mercado laboral y observamos cómo crece la necesidad de perfiles híbridos.
En este contexto, la alfabetización en inteligencia artificial se convierte en una competencia transversal. No se trata solo de saber utilizar herramientas, sino de comprender cómo funcionan, qué sesgos pueden incorporar y qué implicaciones éticas tienen.
Precisamente por eso, la universidad tiene hoy un papel especialmente importante como espacio de reflexión crítica sobre la tecnología. Debemos ayudar no solo a utilizar estas herramientas, sino también a comprender cómo afectan al conocimiento, al trabajo, a la democracia y a la organización social.
¿Cuál es la situación en el ámbito hispanoamericano y europeo de las universidades de educación a distancia? ¿Podría explicarnos en qué consiste la participación de la UOC en el proyecto Open EU?
En América Latina, la educación a distancia ha crecido de forma muy significativa, especialmente como respuesta a retos de acceso, equidad territorial y masificación de la demanda universitaria. Sin embargo, siguen existiendo desafíos importantes relacionados con conectividad, reconocimiento social de la modalidad online o desigualdades tecnológicas.
En Europa, la educación online ya no se percibe como una modalidad periférica, sino como una pieza estratégica del futuro de la educación superior. La pandemia aceleró muchísimo esta transformación y ahora las universidades europeas trabajan en modelos más flexibles, híbridos y conectados internacionalmente.
La UOC ha desempeñado un papel pionero tanto en el espacio hispano como europeo, no solo como universidad completamente online desde su origen, sino también como agente activo en innovación educativa digital. En Latinoamérica, la UOC colabora con múltiples instituciones gubernamentales, y ofrece becas para facilitar el acceso a sus estudios, además de participar en programas de asesoramiento de universidades y agencias nacionales de calidad educativa.
En lo referente a Europa, destaca OpenEU, una alianza impulsada por la Comisión Europea para construir una universidad europea abierta y transnacional. La UOC coordina este proyecto, que reúne a 27 organizaciones europeas y beneficiará a más de 368.000 estudiantes y 24.000 docentes, investigadores y profesionales.
OpenEU busca fortalecer la cooperación entre instituciones, desarrollar programas conjuntos, impulsar microcredenciales, facilitar la movilidad virtual y reforzar la empleabilidad y el aprendizaje permanente.
Además, el proyecto tiene una dimensión muy importante de inclusión y democratización del acceso. La idea es construir una universidad europea mucho más abierta, flexible y accesible.
Creo que OpenEU refleja muy bien hacia dónde se dirige la educación superior internacional: modelos colaborativos, flexibles, digitales y profundamente conectados con las necesidades sociales y profesionales contemporáneas.
En el terreno de la competencia con otras universidades, públicas o privadas, de cara a las matriculaciones ¿en qué puntos diría que destaca la oferta educativa de la UOC? ¿Hacia qué tipo de alumnado se dirigen con preferencia?
La UOC compite en un entorno universitario cada vez más diverso y exigente, pero su propuesta de valor está muy claramente definida y se basa en un modelo específicamente diseñado para el aprendizaje virtual.
Uno de los elementos diferenciales más importantes es la flexibilidad. La universidad permite organizar el aprendizaje de acuerdo con las circunstancias personales y profesionales de cada estudiante.
Pero la flexibilidad no implica menor exigencia. Al contrario, requiere un modelo pedagógico muy sólido, centrado en la evaluación continua, el acompañamiento y el aprendizaje activo.
Otro punto clave es el acompañamiento personalizado. La UOC ha desarrollado un ecosistema completo de apoyo tutorial, orientación y seguimiento del estudiante.
También destacaría la personalización y la capacidad de adaptación del modelo. La universidad trabaja cada vez más en itinerarios flexibles y aprendizaje a lo largo de la vida.
El perfil del alumnado es muy diverso, pero hay una presencia muy importante de personas que compatibilizan estudios y trabajo.
Además, cada vez atraemos más a profesionales en activo que desean actualizar competencias, reinventarse laboralmente o adquirir nuevas habilidades vinculadas a transformación digital, inteligencia artificial o sostenibilidad.
La oferta educativa destaca también por combinar innovación académica, flexibilidad y conexión directa con ámbitos profesionales con gran demanda.
Las nuevas titulaciones son un buen ejemplo de esta apuesta. El nuevo grado en Ingeniería Biomédica integra ingeniería, informática y ciencias de la salud. También lanzamos el grado en Desarrollo y Pruebas de Software, una titulación internacional impartida en inglés junto con universidades europeas en el marco de OpenEU. O el nuevo máster en Análisis y Visualización de Datos Aplicados acerca de las competencias analíticas a perfiles de ciencias sociales y humanidades.
Otro elemento diferencial es la amplitud y flexibilidad de la formación continua y de las microcredenciales. Actualmente contamos con más de un centenar de microcredenciales en ámbitos como IA, programación, sostenibilidad, educación, salud o comunicación.
También quiero destacar el nivel de investigación de la UOC tanto en las diferentes disciplinas con un propósito claro de transferencia a las titulaciones, y sobre todo a nivel de educación digital, para transferir las evidencias a la mejora continua del proceso de enseñanza y aprendizaje.
Un aspecto relevante, al menos en los últimos cursos de cada carrera, es el papel de la universidad como centro de investigación, ¿cómo abordan esa vertiente?
La investigación es una dimensión esencial de cualquier universidad, también en la UOC, donde el conocimiento se genera en un entorno profundamente ligado a la transformación digital.
En nuestro caso, la actividad investigadora, como he comentado, está muy conectada con el modelo educativo y con los grandes retos sociales contemporáneos. No se trata de una investigación desconectada de la docencia, sino de una investigación que retroalimenta directamente la mejora de los procesos de enseñanza y aprendizaje.Como he avanzado, en la actualidad la UOC cuenta con más de 500 investigadores organizados en 58 grupos de investigación. La universidad ha reorganizado además su actividad investigadora alrededor de cinco grandes misiones vinculadas a retos globales: educación del futuro, salud y bienestar planetario, transición digital, sostenibilidad, cultura crítica y tecnología ética y humana.
Esta estructura responde a una idea importante: la investigación universitaria debe estar conectada con las necesidades reales de la sociedad.
La UOC mantiene además una fuerte especialización en ámbitos como educación digital, salud digital, psicología del aprendizaje o interacción entre tecnología y cultura.
También tiene un papel muy relevante la transferencia de conocimiento. Los resultados de la investigación no se quedan únicamente en publicaciones académicas, sino que se incorporan directamente al diseño educativo y a proyectos de innovación.
La universidad participa además activamente en proyectos competitivos nacionales e internacionales y mantiene reconocimiento internacional en ámbitos específicos como salud digital. La OMS ha renovado recientemente a la UOC como centro colaborador en salud digital.
En definitiva, entendemos la investigación como una parte estructural del proyecto universitario y como una herramienta clave para mejorar tanto la calidad docente como el impacto social de la universidad.
Para concluir, retomamos si le parece la problemática que se plantea en muchas profesiones con la irrupción de la IA. ¿Puede resumirnos algunas de sus inquietudes, como vicerrectora pero también como profesora y ciudadana, en esta puerta que ante nosotros se abre hacia lo desconocido?
Sí, sin duda. La irrupción de la inteligencia artificial nos está llevando a una revisión profunda no solo de los contenidos, sino también de las formas de enseñar, aprender y evaluar en la educación superior.
En la UOC, como he comentado, hemos impulsado la Misión uoc.Ωmega y hemos propulsado el Centro de Experiencia en Inteligencia Artificia parea integrar la IA de manera transversal y responsable en toda la universidad.
Otro aspecto fundamental es el cambio que la IA introduce en las metodologías educativas y en la evaluación. Muchas actividades ya no tienen el mismo sentido que hace unos años, porque determinadas tareas pueden resolverse fácilmente con herramientas generativas. Eso obliga a avanzar hacia modelos de evaluación más auténticos, basados en resolución de problemas complejos, reflexión crítica y aplicación contextualizada del conocimiento, que pida al estudiante que refleje el proceso seguido y su propio proceso de aprendizaje.
Como educadora, creo que uno de los grandes riesgos sería delegar completamente el esfuerzo cognitivo en las máquinas. Aprender implica reflexión, análisis y construcción progresiva de comprensión profunda, preguntarse y apasionarse, e interacción.
Como ciudadana, también me inquietan cuestiones relacionadas con los sesgos algorítmicos, la privacidad, la dependencia tecnológica, y muy especialmente, la ampliación de desigualdades si no se garantiza un acceso equitativo a diversas tecnologías.
Pero, sobre todo, veo enormes oportunidades. La inteligencia artificial puede ayudarnos a construir una educación más personalizada, mucho más inclusiva y más accesible.
Creo que estamos ante una tecnología cuyo impacto está revolucionando cómo aprendemos. Y precisamente por eso la universidad tiene una responsabilidad enorme: no solo adaptarse tecnológicamente, sino especialmente, ayudar a la sociedad a pensar críticamente esta transformación y a influir en cómo queremos que sea esta transformación.
En definitiva, estamos ante un momento de gran incertidumbre, pero también de enorme potencial. Y creo que la misión de la universidad sigue siendo la misma: formar personas críticas, autónomas, éticas, con una actitud integradora, y capaces de preguntarse y aprender a lo largo de toda la vida en un mundo en constante transformación.
Redacción Barcelona
Más información:


